¿Os consideráis un grupo de música industrial?
Desde el principio nos pusieron esa etiqueta, pero no creo que seamos un grupo industrial. Es un término demasiado ambiguo. Industrial es Throbbing Gristle, es el único grupo industrial que ha habido, fue algo que inventaron ellos. Nos influenció no tanto su música, que también nos gustaba, como el concepto de epatar con el sonido. Pero, después del primer disco, esa fiebre se nos pasó.
Estáis repartidos entre Roma y Mallorca. ¿Eso os condena a enviaros cintas o utilizáis redes digitales y ese tipo de avances?
No, qué va, no somos nada tecnológicos. Los temas los hago yo en mi casa y luego Saverio hace imágenes e incorpora ruidos. Le mando un DAT -cassette digital- por correo y él lo lleva a un estudio para realzar el sonido e integrar cosas. Lo de música en red y todo eso no me va. No tengo ni idea. Incluso nuestros instrumentos son viejos, no estamos a la última ni mucho menos. Grabo con un simple magnetofón. Antes grababa en un Revox. Ahora utilizo las posibilidades que tengo en casa y trabajo casi de manera artesanal, superponiendo sonidos con varios micros y cosas así. Aunque parezca mentira, grabar de esa manera da incluso más juego.
Habéis dado la espalda al mercado nacional. ¿Tuvisteis claro desde el principio que no se os iba a entender?
Nuestra música se ha consumido donde ha gustado. Claro que me interesa el mercado nacional. Me apetece mucho tocar en España, pero es muy difícil porque no nos contratan (risas). Fuera hay un público; en España, por desgracia, aún no. Nosotros no hemos dado la espalda, sino que ha sido la gente la que nos la ha dado a nosotros. En España, salvo contadas excepciones, muy poca gente ha puesto a Esplendor en la radio. Somos un grupo muy poco escuchado.
En Europa y Japón si que sois populares.
Supongo que fuera nos han escuchado y a mucha gente le ha interesado lo que hacemos. En Japón hay gente para todo: ¡hay tantísimos japoneses...! Son muy fieles, en Tokio había gente con nuestros primeros discos. Y en las mejores tiendas tenían nuestros vinilos a precios exorbitantes, a más de 40.000 pelas. Los de Whitehouse o Maurizio Bianchi, que es también de nuestra época, eran aún más caros. Tenemos también seguidores en Estados Unidos, pero sobre todo nuestros fans están en Centroeuropa.
¿Os interesan los grupos que han acercado el industrialismo al rock, al rap o a la pista de baile?
No es que no me interesen: es que ni me lo planteo. No estoy enterado de qué va porque no tengo CD. Además, no puedo escuchar música en casa porque tengo familia y tal, ya sabes (risas). Cuando me apetece oir música, la hago. Sólo escucho la radio, y no estoy nada al corriente de lo que pasa, a veces me mandan cosas, pero nada más. Además, cuando encuentro sonidos que me gustan porque se parecen al nuestro, dejan de interesarme, porque para eso los hago yo.
Parece que hay un cierto revival del ruidismo industrial. Cada vez hay más temas de pop y música de baile con ramalazos industriosos
De eso sí que me he dado cuenta. Más que un 'revival' creo que la música para bailar ha evolucionado hacia el ruido. Los ritmos cada vez son más potentes y, además, incorporan ruidos. Nosotros lo hacemos hace mucho tiempo, lo que ocurre es que no era el momento para bailar eso, ni para que pudieran escucharlo de otra forma. Ahora es distinto. En Bélgica, después de un concierto nuestro, pusieron temas de Esplendor de los ochenta y la gente incluso bailaba.
¿En eso, Spain is different?
Como en tantas otras cosas. Gente como Madelman, que hace una música electrónica fácil y accesible para todo el mundo, debería vender muchísimo más. En Europa, la gente está más predispuesta al ruido y no se sorprende tanto como en el 80, cuando sacamos "Necrosis", que sonaba muy raro. La cosa ha cambiado. The Prodigy o Aphex Twin meten ruidos y venden millones de copias. Nosotros hemos utilizado mucho los ritmos y, aunque creo que exageran, hay gente que incluso dice que nuestro último CD es bailable.